Incorporando "Animales" como clave del bienestar animal
Por Dra. Sara Cal – Médica Veterinaria
El buen vínculo con los animales se ha convertido, para gran parte de nuestra sociedad, en uno de los pilares del bienestar humano, que día a día va transformando sus hábitos sociales y biológicos. Los hacemos parte de la familia, los llevamos de vacaciones, festejamos sus cumpleaños y muchas veces organizamos nuestra vida pensando en ellos.
Eso habla de un cambio muy positivo en nuestra relación con los animales. Pero hay una pregunta que me parece todavía más interesante: ¿querer mucho a un animal significa necesariamente respetarlo?
Para mí, el respeto empieza por intentar comprender al animal que tenemos delante desde su propia especie y no solamente desde nuestras necesidades humanas.
Un perro no necesita vivir como una persona pequeña. Necesita también ser perro. Un gato necesita poder comportarse como gato. Y lo mismo sucede con un caballo, un ave o cualquier otro animal que esté bajo nuestra tutela.

Una buena vida es más que comida y veterinario
Durante muchos años se pensó el bienestar animal principalmente desde la ausencia de hambre, enfermedad, dolor o miedo.Hoy la ciencia amplió mucho esa mirada.
El Modelo de los Cinco Dominios, utilizado internacionalmente para evaluar el bienestar animal, considera cinco grandes áreas: nutrición, ambiente físico, salud, interacciones conductuales y estado mental.
Esto significa que no alcanza con preguntarnos si el animal está enfermo o bien alimentado. También debemos preguntarnos qué oportunidades tiene de realizar comportamientos importantes para él y qué experiencias positivas forman parte de su vida.
La propia Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) incluye dentro del bienestar no solamente la salud física, sino también las necesidades psicológicas, sociales, ambientales y comportamentales de nuestros pacientes.
¿Qué significa esto en casa?
En un perro puede significar algo tan sencillo como permitirle oler durante el paseo. A veces salimos apurados y pretendemos que camine a nuestro ritmo, sin detenerse.
Sin embargo, para un perro explorar con el olfato es una actividad importantísima. Incluso un estudio publicado en Applied Animal Behaviour Science encontró que perros que practicaron actividades de búsqueda olfativa mostraron posteriormente un sesgo cognitivo más positivo que aquellos que realizaron ejercicios de obediencia con su tutor. Quizás, entonces, ese perro que se queda varios minutos investigando un pastito no está "perdiendo el tiempo". Está leyendo su mundo.
Con los gatos ocurre algo parecido. Un gato puede tener el mejor alimento y recibir muchísimo cariño y, sin embargo, vivir en un ambiente que no satisface completamente sus necesidades.
Las guías de la AAFP y la International Society of Feline Medicine consideran esenciales elementos como lugares seguros donde esconderse, espacios elevados, oportunidades de juego y conducta predatoria, recursos adecuadamente distribuidos y la posibilidad de controlar buena parte de sus interacciones sociales.
Y si pensamos en el caballo, el concepto vuelve a repetirse. La investigación actual destaca tres necesidades particularmente relevantes: forraje, libertad de movimiento y contacto con otros caballos —las llamadas “3F”: forage, freedom and friends. Un estudio publicado en 2024 encontró mejores indicadores de bienestar en caballos deportivos que sufrían menos restricciones en estas áreas.
Querer también es observar
Por eso creo que uno de los desafíos más interesantes que tenemos quienes convivimos con animales es aprender a mirarlos y desarrollar la idea de que lo que nos gusta de ellos es que sean animales, precisamente.
Preguntarnos: ¿Qué cosas elegiría hacer si pudiera?
¿Tiene oportunidades para explorar, jugar, esconderse, descansar o relacionarse según las necesidades de su especie? ¿Estoy interpretando lo que necesita o simplemente trasladando hacia él lo que yo necesitaría?
Humanizar algunas cosas no necesariamente es un problema. El vínculo afectivo entre personas y animales puede ser extraordinario.
El problema aparece cuando nuestras buenas intenciones terminan impidiendo que ese animal pueda expresarse como tal.
Quizás una de las formas más profundas de amor hacia ellos sea precisamente esa:
quererlos muchísimo, sin pedirles que dejen de ser animales.



